"Refundemos nuestra Patria con Jesús Eucaristía"

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    ¡¡Unidos en Jesus y en María!!

MEDITANDO CON PENSAMIENTOS EUCARÍSTICOS

REFLEXIONANDO CON JESÚS RESUCITADO EN LA EUCARISTÍA

Familias en la madrugada adorando al Dios vivo. Familias entregadas a la oración del corazón, rezando y pidiendo por tantas familias que todavía no han conocido el amor de nuestro Dios.

Las personas verdaderamente humildes son compasivas. Ellas pueden entristecerse cuando otras son irresponsables; pero no pierden la serenidad ni juzgan duramente.

Observo al mundo y veo familias adorando día y noche a mi hijo Jesús, en silencio, sin llamar la atención, en el dulce sigilo del que espera y confía.

Si vamos a alimentar nuestra fe para mañana, somos desafiadas/os a imaginar un compromiso cristiano de diferente calidad del que existía antes. Esto incluirá un redescubrimiento de Cristo como una “espontaneidad perturbadora”.

 

familias en Jesús

Familias en la madrugada adorando al Dios vivo. Familias entregadas a la oración del corazón, rezando y pidiendo por tantas familias que todavía no han conocido el amor de nuestro Dios.

 

Matrimonios congregados al amor eucarístico de Dios, sabiendo que Jesús es la garantía de su unión, y que permaneciendo en su amor podrán dar frutos abundantes, podrán crecer juntos, y formar una familia de discípulos a los pies de Jesús.

 

Adolescentes buscando su identidad, unidos a la inseguridad de su humanidad, tentados por ídolos y dioses que llevan a la muerte.

 

Que no encuentran rumbo, que desesperados corren detrás de cualquier promesa de felicidad pasajera, de triste alegría que prometía trascendencia y eternidad y sólo quedó amargura y vacío existencial. 

 

Adolescentes rezando delante de Jesús y pidiendo por aquellos jóvenes, pidiendo por sus vidas, escuchando el gran plan de felicidad que Dios tiene para cada uno de nosotros.

 

Pequeños disfrutando del dulce amor de Jesús niño, de Jesús bebe que se les presenta de manera tan sencilla y tan a su medida, que los bendice con amor, que les deja sentir su amor como esa caricia de la madre, como ese abrazo del padre.

 

Habla Señor que tu pequeño siervo escucha desde el seno materno, desde los primeros días, desde la niñez que tanto nos pides para entrar en tu Reino.

 

Compasión y humildad

Las personas verdaderamente humildes son compasivas. Ellas pueden entristecerse cuando otras son irresponsables; pero no pierden la serenidad ni juzgan duramente.

 

En vez de eso, se colocan en los zapatos de los ingratos y tratan de amar en sus realidades. Ellos ruegan para que el Amor de Dios brille sobre los malvados y sobre los buenos; sobre los indiferentes como sobre los comprometidos.

 

Ellos no se apoyan en sus propios recursos, y su confianza en Dios es tan arrolladora que Dios no puede dejar de responder a sus ruegos.

 

Son suficientemente cariñosos para ver que la maldad de muchos se debe al poco amor que han recibido en sus vidas. Ellos entregan sus corazones, sus mentes y sus manos a Dios, de modo que Dios pueda trabajar con ellas.

 

Ellos no se agobian. Han respondido a la atracción gravitacional de Dios, por lo que sus yugos son livianos y sus cargas ligeras. El amor les ha dado alas.

 

Han renunciado a sus intentos de regir sus propias vidas, y al rendirse incondicionalmente a Dios, experimentan una alegría que los levanta. Han llegado a estar tan sintonizados con Dios, que se han sintonizado, con gratitud, a su llamado a servir.

 

dios está allí

Observo al mundo y veo familias adorando día y noche a mi hijo Jesús, en silencio, sin llamar la atención, en el dulce sigilo del que espera y confía.

 

Y se acercan a la presencia de mi querido hijo vivo y resucitado en el Santísimo Sacramento. La prueba más grande de mi amor de Padre. Entregarles a mi Hijo Jesús, para que puedan ser abrazados en su amor y misericordia.

 

Observo el mundo y me pregunto dónde esta la fe. Dónde esta mi pueblo que se entrega mansamente al corazón de mi amado hijo.

 

Y es allí cuando veo aquellas pequeñas capillitas de luz, veo fuegos encendidos en el mundo entero, siento la fe de tantas abuelitas y abuelitos, de tantos padres y madres con sus hijos pequeños y adolescentes.

 

Veo sacerdotes en acción de gracias, religiosos y religiosas descansando en los brazos del tierno y amado Jesús.

 

Y allí comienza este camino de transformación interior, de sanación del corazón, la mente, las heridas pasadas y los pecados de generaciones anteriores.

 

Abrazar la cruz, con todas sus aristas. Dejar que Dios nos inunde con su infinito amor y su profunda misericordia, dejar que abarque todos los rincones de nuestro ser, que llene nuestros vacíos, que sane nuestras heridas de muerte provocadas por el pecado.

 

De discípulos adoradores, el mismo Jesús nos va transformando en discípulos misioneros. Que no pueden callar lo que han visto y oído: el amor de Dios que ha penetrado hasta el fondo de sus corazones.

 

Que no pueden guardarse la Buena Noticia y desean salir a la calle y contarles a todos que Jesús está vivo, que es verdad, nos ama.

 

Que nos espera en la pequeña hostia blanca que el sacerdote consagra en la misa, su presencia real, verdaderamente su cuerpo y su sangre, que el Espíritu Santo nos revela a través del don de la fe y por eso podemos reconocerlo.

 

Su humilde, misteriosa, escondida presencia. El Dios del mundo, el Dios creador y Padre, el Dios hijo y salvador, el Dios Espíritu y consolador, esperándonos a todos con sus brazos abiertos en la ternura, simpleza, y anonadamiento de la Eucaristía.

 

Bendito seas Jesús, nada hay fuera de ti. El Dios de Abraham y de Moises, de Jacob y de David. El Dios que ama en el pecado. El Dios que es la fuente de vida y verdad. 

 

El Dios que nos quiere tanto que quiere estar con nosotros todos los días de nuestra vida hasta el fin de los tiempos.

 

La fidelidad de nuestro buen Dios. La nobleza de nuestro buen Jesús. La humildad bajo apariencia de pan, el Dios compañero y mejor amigo, el Padre y el hermano, el Dios de María, nuestra querida Madre que disfruta de sus pequeño rebaño de discípulos adoradores y misioneros.

 

jesús nos desafía

Si vamos a alimentar nuestra fe para mañana, somos desafiadas/os a imaginar un compromiso cristiano de diferente calidad del que existía antes. Esto incluirá un redescubrimiento de Cristo como una “espontaneidad perturbadora”.

 

Sesenta años atrás, Henri de Lubac describía a Cristo como “el gran perturbador”; pero también como la nueva imagen de Dios y de la humanidad, la que trae novedades refrescantes a un mundo cansado.

 

Él preguntaba cómo habíamos llegado a una situación en que el Cristianismo era visto, ya sea como el enemigo de toda la humanidad, o, peor aún, como una leyenda aburrida y vacía.

 

Estas mismas acusaciones están presentes ahora, aunque en un contexto cultural diferente.

 

La cultura que nos ha formado en el pasado es, en gran parte, invisible: contiene significados y valores que subyacen bajo toda nuestra forma de vida. Vivimos bajo percepciones no declaradas ni examinadas.

 

Pero este mundo de imágenes y valores posee un inmenso, a veces inconsciente impacto en nuestra capacidad para la toma de decisiones importantes; incluídas, por supuesto, la decisión sobre la Fe en Dios.

 

Por ejemplo, cuando la ciencia reclama el monopolio de la verdad, la sabiduría espiritual es ignorada en su totalidad, e incluso despreciada. 

 

Es una liberación cuando uno se da cuenta, con Newman, que la verdad existencial sólo puede ser encontrada cuando la persona se involucra en su totalidad: algunas formas del conocimiento son accesibles sólo a través del amor.

 

Muchas personas están ahora buscando una percepción espiritual que esté más allá de la confusión y la fragmentación de nuestros días.

 

Está presente un hambre, menos tímida y silenciosa como la de una generación atrás, que busca algo más, algo que los cristianos pueden identificar como “la espontaneidad pertubadora de Cristo”

 

Nota personal: Creo que el redescubrir la presencia viva de Jesús entre nosotros (en la Eucaristía), es la novedad que nos refresca el alma.

 

Jesús no ha pasado de moda, porque esta vivo y sigue obrando milagros. Él nos invita a salir de nuestra comodidad y nos propone nuevos desafíos. Nos libera de nuestras estructuras y nos invita a seguirlo.

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