"Refundemos nuestra Patria con Jesús Eucaristía"

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    ¡¡Unidos en Jesus y en María!!

Oraciones para la Adoración Eucarística

Padre Emiliano Tardif

Padre Emiliano Tardif

Santo Tomás de Aquino

Padre Robert De Grandis

 

Comunión Espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del altar.

 

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. 

 

Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a ti.

 

No permitas, Señor, que jamás me aparte de ti.

 

Amén.

 

Curación Interior

(Padre Emiliano Tardif)

Como todos estamos enfermos por heridas en nuestro pasado, a continuación hacemos una oración de curación interior para que el Señor sane el corazón de los que reconozcan necesitarlo.

 

Padre de bondad, Padre de amor,

te bendigo, te alabo y te doy gracias

porque por tu amor nos diste a Jesús.

 

Gracias Padre porque a la luz del Espíritu

comprendemos que Él es la luz,

la verdad y el buen pastor 

que ha venido para que tengamos vida

y la tengamos en abundancia.

 

Hoy, Padre, me quiero presentar

delante de Ti, como tu hijo.

Tú me conoces por mi nombre.

Pon tus ojos de Padre amoroso en mi vida.

 

Tú conoces mi corazón

y conoces las heridas de mi historia.

 

Tú conoces todo lo que he querido hacer

y no he hecho.

 

Conoces también lo que hice

o me hicieron lastimándome.

Tú conoces mis limitaciones,

errores y mi pecado.

 

Conoces los traumas y 

complejos de mi vida.

 

Hoy, Padre,

te pido que por el amor

que le tienes a tu Hijo Jesucristo,

derrames tu Santo Espíritu sobre mí, 

para que el calor de tu amor sanador,

penetre en lo más íntimo de mi corazón.

 

Tú que sanas los corazones destrozados

y vendas las heridas

sáname aquí y ahora de mi alma,

mi mente, mi memoria y todo mi interior.

 

Entra en mí, Señor Jesús,

como entraste en aquella casa

donde estaban tus discípulos

llenos de miedo.

 

Tú te apareciste en medio de ellos y les dijiste: “paz a vosotros”.

Entra en mi corazón y dame tu paz.

Lléname de amor.

 

Sabemos que el amor hecha fuera el temor.

 

Pasa por mi vida y sana mi corazón.

Sabemos, Señor Jesús,

Que tu lo haces siempre que te lo pedimos,

y te lo estoy pidiendo con María, mi Madre,

la que estaba en las bodas de Caná,

cuando no había vino,

y tú respondiste a su deseo,

transformando el agua en vino.

 

Cambia mi corazón

y dame un corazón generoso,

un corazón afable, un corazón bondadoso,

dame un corazón nuevo.

 

Haz brotar en mí

los frutos de tu presencia.

Dame el fruto de tu Espíritu que es amor,

paz, alegría.

Haz que venga sobre mí

el Espíritu de las bienaventuranzas,

para que pueda saborear

y buscar a Dios cada día,

viviendo sin complejos ni traumas

junto a los demás,

junto a mi familia,

junto a mis hermanos.

 

Te doy gracias, Padre,

por lo que estás haciendo hoy en mi vida.

Te doy gracias de todo corazón

porque tú me sanas,

porque tú me liberas,

porque tú rompes las cadenas

y me das la libertad.

Gracias, Señor Jesús,

porque soy templo de tu Espíritu

y ese templo no se puede destruir

porque es la Casa de Dios.

 

Te doy gracias, Espíritu Santo, por la fé,

gracias por el amor que has puesto en mi corazón.

¡Qué grande eres, Señor Dios Trino y Uno!

Bendito y alabado seas, Señor.

 

 

Padre Emiliano Tardiff

 

Curación Física

(Padre Emiliano Tardif)

Únase con fe a esta oración depositando su vida entera en las manos de Jesús

 

 

Señor Jesús,

Creo que estás vivo y resucitado.

Creo que estás realmente presente

en el Santísimo Sacramento del altar

y en cada uno de los que en ti creemos. 

Te alabo, te adoro.

Te doy gracias, Señor,

por venir hasta mí

como pan vivo bajado del cielo.

 

Tú eres la plenitud de la vida.

Tú eres la resurrección y la vida.

Tú eres, señor, la salud de los enfermos.

 

Hoy quiero presentarte todas mis enfermedades

porque tú eres el mismo ayer, hoy y siempre

Y tú mismo me alcanzas

hasta donde estoy.

 

Tú eres el eterno presente y tú me conoces...

Ahora, Señor, te pido que tengas compasión de mí.

Visítame a través de tu Evangelio

para que todos reconozcan

que tú estás vivo

en tu Iglesia hoy;

Y que se renueve mi fé y mi confianza en ti;

Te lo suplico, Jesús.

 

Ten compasión de mis sufrimientos físicos,

de mis heridas emocionales

y de cualquier enfermedad de mi alma.

 

Ten compasión de mí, Señor.

Bendíceme

y haz que vuelva a encontrar la salud.

Que mi fe crezca

y me abra a las maravillas de tu amor,

para que también sea testigo

de tu poder y de tu compasión.

 

Te lo pido, Jesús,

por el poder de tus santas llagas,

por tu santa cruz y por tu preciosa sangre.

 

Sáname, Señor.

Sana mi cuerpo,

sana mi corazón,

sana mi alma.

Dame vida y vida en abundancia.

Te lo pido por intercesión

de María Santísima, tu madre,

la Virgen de los Dolores,

la que estaba presente, de pie,

cerca de la cruz.

 

La que fue la primera en contemplar

tus santas llagas y que nos diste por madre.

 

Tú nos has revelado

que ya has tomado sobre ti

todas nuestras dolencias

y por tus santas llagas hemos sido curados.

 

Hoy, Señor,

te presento en la fe todas mis enfermedades 

y te pido que me sanes completamente.

 

Te pido por la gloria del Padre del cielo, 

que también sanes a los enfermos

de mi familia y mis amigos.

 

Haz que crezcan en la fe,

en la esperanza,

y que reciban la salud,

para gloria de tu nombre.

Para que tu Reino siga extendiéndose más y más en los corazones,

a través de los signos y prodigios de tu amor.

 

Todo esto te lo pido, Jesús,

porque tú eres Jesús,

tú eres el buen pastor y todos somos

ovejas de tu rebaño.

 

Estoy tan seguro de tu amor,

que aún antes de conocer el resultado

de mi oración,

en fe, te digo:

gracias Jesús, por lo que tú vas a hacer en mí y en cada uno de ellos.

 

Gracias por las enfermedades

que tú estás sanando ahora,

gracias por los que tú estás visitando con

tu misericordia.

                                

 

Padre Emiliano Tardif

"Quedate Señor con Nosotros"

(San Juan Pablo II)

«Quédate, Señor, con nosotros»

 

¡Señor, quédate con nosotros [Lc 24,29]! Quédate con nosotros hoy, y quédate, de ahora en adelante, todos los días...

 

¡Quédate! Para que podamos encontramos contigo en la adoración y el agradecimiento, en la oración de expiación y de súplica, a la que todos los visitantes de esta iglesia están invitados.

 

¡Quédate! Tú que a la vez estás velado en el misterio eucarístico de la fe y revelado bajo las especies de pan y vino, que tomaste en este Sacramento.

 

¡Quédate! Para que se reconfirme constantemente tu presencia en este templo, y todos los que entren en él adviertan que es tu casa, «la morada de Dios entre los hombres», y visitando esta iglesia encuentren la fuente misma «de vida y de santidad que brota de tu Corazón eucarístico».

 

La Eucaristía es el testimonio sacramental de tu primera venida, con la que quedaron reafirmadas las palabras de los profetas y se cumplieron las esperanzas.

 

Nos has dejado, Señor, tu cuerpo y tu sangre bajo las especies de pan y vino para que atestigüen que se ha realizado la redención del mundo, y para que por ellas llegue a todos los hombres tu misterio pascual como sacramento de la vida y de la salvación.

 

La Eucaristía es, al mismo tiempo, un constante anuncio de tu segunda venida y el signo del adviento definitivo, a la vez que la espera de toda la Iglesia: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven, Señor Jesús!»

 

Queremos, todos los días y a todas las horas, adorarte, despojado bajo las especies de pan y vino, para renovar la esperanza de la «llamada a la gloria», cuyo principio eres tú con tu cuerpo glorificado «a la derecha del Padre».

 

Un día, oh Señor, preguntaste a Pedro: «¿Me quieres?» Se lo preguntaste tres veces, y por tres veces él respondió: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero» La respuesta de Pedro, sobre cuyo sepulcro está erigida esta basílica, se expresa hoy mediante esta adoración de cada día y de todo el día...

 

Todos cuantos participen de esta adoración en tu presencia eucarística testimonien con cada visita y hagan nuevamente resonar aquí la verdad encerrada en las palabras del apóstol: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Amén.

 

 

Juan Pablo II

 

Adoro Te Devote

(Santo Tomás de Aquino)

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.

 

Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta palabra de verdad.

 

En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.

 

No veo las llagas como las vio Tomas pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame.

 

¡Oh memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura. 

 

Señor Jesús, bondadoso Pelícano, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.

 

Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.

 

 

Santo Tomás de Aquino

 
 

Al Amor de los Amores Jesús Sacramentado

(Santa Teresita de Lisieux)

Sagrario del Altar, el nido de tus más tiernos y regalados amores. Amor me pides, Dios mío, y amor me das; tu amor es amor de cielo, y el mío, amor mezclado de tierra y cielo; el tuyo es infinito y purísimo; el mío, imperfecto y limitado.

 

Sea yo, Jesús mío, desde hoy, todo para Ti, como Tú los eres para mi. Que te ame yo siempre, como te amaron los Apóstoles; y mis labios besen tus benditos pies, como los besó la Magdalena convertida. Mira y escucha los extravíos de mi corazón arrepentido, como escuchaste a Zaqueo y a la Samaritana.

 

Déjame reclinar mi cabeza en tu sagrado pecho como a tu discípulo amado San Juan. Deseo vivir contigo, porque eres vida y amor.

 

Por sólo tus amores, Jesús, mi bien amado, en Ti mi vida puse, mi gloria y porvenir. Y ya que para el mundo soy una flor marchita, no tengo más anhelo que, amándote, morir.

 

 

Santa Teresita de Lisieux 

"Adoremos a Cristo en la Eucaristía"

(San Juan Pablo II)

Señor Jesús: Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos.

 

"Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios" (Jn. 6,69).

 

Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la última cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres. Aumenta nuestra FE.

 

Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro SÍ unido al tuyo.

 

Contigo ya podemos decir: Padre nuestro.

 

Siguiéndote a ti, "camino, verdad y vida", queremos penetrar en el aparente "silencio" y "ausencia" de Dios, rasgando la nube del Tabor para escuchar la voz del Padre que nos dice: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia: Escuchadlo" (Mt. 17,5).

 

Con esta FE, hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los diversos sectores de la vida familiar y social.

 

Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo.

 

Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives "siempre intercediendo por nosotros" (Heb. 7,25).

 

Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.

 

Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque tú eres el centro, el principio y el fin de todo.

 

Apoyados en esta ESPERANZA, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.

 

Queremos AMAR COMO TÚ, que das la vida y te comunicas con todo lo que eres. Quisiéramos decir como San Pablo: "Mi vida es Cristo" (Flp. 1,21). Nuestra vida no tiene sentido sin ti.

 

Queremos aprender a "estar con quien sabemos nos ama", porque "con tan buen amigo presente todo se puede sufrir". En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre, porque en la oración "el amor es el que habla" (Sta. Teresa).

 

Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia vocación cristiana.

 

CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE ADORAMOS con una actitud sencilla de presencia, silencio y espera, que quiere ser también reparación, como respuesta a tus palabras: "Quedaos aquí y velad conmigo" (Mt. 26,38).

 

Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a adorar admirando el misterio, amándolo tal como es, y callando con un silencio de amigo y con una presencia de donación.

 

El Espíritu Santo que has infundido en nuestros corazones nos ayuda a decir esos "gemidos inenarrables" (Rom. 8,26) que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta con sola tu presencia, tu amor y tu palabra.

 

En nuestras noches físicas y morales, si tú estás presente, y nos amas, y nos hablas, ya nos basta, aunque muchas veces no sentiremos la consolación.

 

Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, estaremos en tu intimidad o "misterio".

 

Entonces nuestra oración se convertirá en respeto hacia el "misterio" de cada hermano y de cada acontecimiento para insertarnos en nuestro ambiente familiar y social y construir la historia con este silencio activo y fecundo que nace de la contemplación.

 

Gracias a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de AMAR y de SERVIR.

 

Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre.

 

Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera, que sabe meditar adorando y amando tu Palabra, para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos. Amén.

 
 

Oración de Liberación

(Padre Robert de Grandis)

Yo me pongo en la presencia de Jesucristo y me someto a su Señorío. Yo me pongo "la armadura de Dios para resistir las maniobras del diablo. Yo me mantengo con firmeza y... tomo la verdad como cinturón, la justicia como coraza...

 

Yo tomo en mi mano el escudo de la fe para apagar las flechas incendiarias del demonio... Yo acepto la salvación de Dios para que sea mi casco y recibo la palabra de Dios del Santo Espíritu para usarla como una espada. (Ef 6, 1 Oss)

 

En el nombre de Jesucristo crucificado, muerto y resucitado, yo ato todos los espíritus del aire, de la atmósfera, del agua, del fuego, del viento, la tierra, debajo de la tierra.

 

Yo también ato la influencia de cualquier alma perdida o caída que pueda estar presente y todos los emisarios de los cuarteles satánicos o cualquier asamblea de brujos o hechiceros o adoradores de satanás que puedan estar presente en algún modo preternatural.

 

Yo clamo a la sangre de Jesús en el aire, atmósfera, agua, fuego, viento, la tierra y todos sus frutos, y debajo de la tierra.

 

En el nombre de Jesucristo yo le prohíbo a todos los adversarios mencionados que se comunique o ayuden unos a otros de cualquier modo, o que se comuniquen conmigo, o que hagan cualquier cosa excepto que yo les mando en el nombre de Jesús.

 

En el nombre de Jesucristo yo sello este lugar y a todos los presentes y a todos los familiares, amigos y conocidos de los presentes, y también sus lugares, posesiones y fuentes de aprovisionamiento en la sangre de Jesús. (repetir tres veces)

 

En el nombre de Jesucristo yo le prohíbo a cualquier espíritu perdido, asamblea de brujos, grupos satánicos, o emisarios o cualquiera de sus colaboradores que me hagan daño o que tomen venganza sobre mí, mi familia y mis conocidos o causen daños a cualquier cosa que nosotros tenemos.

 

En el nombre de Jesucristo y por los méritos de su preciosísima sangre, yo rompo y disuelvo cualquier maleficio, hechizo, encantamiento, ardid, brujería, atadura, trampa, engaño, mentira, tropiezo, obstáculo, decepción, desvío, o distracción, cadena espiritual o influencia espiritual, también toda enfermedad del cuerpo del alma, mente o espíritu puesta sobre nosotros o sobre este lugar, o sobre cualquiera de las personas, lugares o cosas mencionadas por cualquier agente o atraída sobre nosotros por nuestros propios errores o pecados. (repetir tres veces).

 

Yo ahora coloco la cruz de Jesucristo entre mi y todas las generaciones en mi árbol genealógico. Yo declaro en el nombre de Jesucristo que no va a haber comunicación directa entre las generaciones. Toda comunicación será filtrada por medio de la preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

 

Maria inmaculada cúbreme en la luz, poder y fuerza de tu fe. Padre, por favor envía los ángeles y santos para que me asistan.

 

Gracias, Señor Jesús, por ser mi sabiduría, mi justicia, mi santificación, mi redención. Yo me rindo al ministerio de tu Espíritu Santo, y recibo tu verdad en cuanto a la sanación intergeneracional.

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

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